Hoy me abandonó mi padre, en mitad de la tarde, había caído la mañana y contemplaba el crepúsculo a través del reflejo amarillento que causaba en las hojas de mi libro; el albor progresaba rápidamente y era difícil de discernir cualquier aspecto de su evolución debido a su lento abandono, ahora casi ha caído la noche y parece que apenas ha pasado la mañana. Ahora pienso si sus palabras han tenido en mí el efecto deseado.
Muchas veces estoy en lo cierto, intención y acción no suelen ir de la mano, más allá de la duda, normalmente la abstracción previa en absoluto se acerca a la inestabilidad e inquietud con la que la realidad acoge su nacimiento, esto confirma la base del pensamiento cómo génesis indispensable del conocimiento que podrá ser aplicado en mayor o menor medida, según el grado de desnaturalización al que estemos sometidos.
Me siento impropio, ahora entiendo el porqué de mi desdicha: complacencia y agrado son mi guión, soy un narrador de historias, como decía Sartre, al final, vivir rodeado de historias cava en el estilo, vivo rodeado de mis historias y de las ajenas, sólo veo a través de ellas todo lo que sucede, termino por tratar de vivir mi vida como si la contara, me afano en la Aventura como una trama que nutre la realidad, cuando sólo me aporta deleite; soy presa de una ficción que da vueltas sobre mí y que no dudo en seguir contemplado embriagado por su exaltación infinita, sin reparar en que la contemplación de su giro perpetuo me marea y me desubica.
Es sólo una forma de no fustigarse, al fin y al cabo a todos nos gusta nuestro ombligo, es una seña de nuestra dependencia de la vida ajena (por muy propia que nos parezca), el problema es que en su fijación nos aislamos de su simbología, precisamente por su penetrante toxina…
Los reproches de su despedida iban dirigidos de forma directa hacia mi historia, no hacia mí persona, la trama era lo que le desencajaba, su protagonista no estaba demostrando su valía con los demás actores, que de sobra le eran conocidos, mucho más que el protagonista, aunque éste pasase por ser su propio hijo. El me dictó cada uno de sus apuntes personales, que pérfidamente sabe fraguar en soledad, quizás el hastío haya pasado de lado, pero la elaboración es tediosa. Toda la escena se desarrolló según lo previsto hasta el momento en que aquella frase final parecía acongojarme por dentro, no sólo por lo que asomaba sino por la satisfacción con la que parecía haberlo sentenciado.
Al final, el mundo se está dando cuenta que no eres para tanto; aquello se cernió como un guijarro sin darme cuenta, pues el portazo dejó tras él un dolor sutil que contenía una sustancia de degradación, como todo sufrimiento. Taciturno me puse a indagar en ciertas melancolías cuya causa conozco demasiado bien.
¿Qué no soy para tanto?..¿Quién es tanto para mí?..A lo mejor, tanto tampoco es para mí… ¿acaso soy un anuncio antipopular que rebosa objetividad por los cuatro costados?... espero que no.
Muchos se temerán que mis fruslerías no den lugar a una posible absolución, pero me siento con fuerzas para oponerme a ello, este desencanto no es una tramoya sino el celibato de mis miserias.
Puestos a la autocrítica, encuentro en la gente motivos más que suficientes para cuestionar mi conducta y es que desde hace tiempo, noto crucial la forma en que asimilo las reglas del juego en que se me ha impuesto participar, me limito a su aprendizaje como forma de sobrellevarlas, pero en ningún caso de introducirlas en mi interior, lo que más que con cualquier otro adjetivo, merecería ser expresado como una ineficiencia de nuestra mano vehemente sobre la Tierra, es decir, el trabajo; de manera que la forma de forjarse y redimirse de los aciagos dilemas del hombre sobre ella no se viesen afectados en su realización personal; a mi juicio se trata de una gravísima acometida de la desidia, pues sin una acción con la que impulsar nuestros objetivos, el atentado a nuestra conciencia viva sería demencial.
Además, este agravio se empieza a extender cada vez a más terrenos, que hasta ahora habían permanecido infranqueables, juego con las personas y las responsabilidades que me rodean sin notar el peso de los pequeños fracasos como una carga, no obstante, mi corazón, la fuente de mi ser no participa de todo ello.
Siento el placer de no inmiscuirme en el esfuerzo inútil, el sufrimiento y el encanecimiento por asuntos triviales, pero todo ello gracias a mi cómoda posición y a unos privilegios que conozco desde muy joven, si bien es cierto que ello no ha causado durante todos estos años comportamientos acomodaticios, también ha llegado un lapso en que la anulación personal es palpable y coexiste con su conocimiento.
Paulatinamente, como la humedad penetra en la corteza del árbol, y la invade y la pudre, así el mundo y la pereza han penetrado en mi alma.
Ante estos pensamientos hay revoluciones e intentos de levantamiento pero por más que intente discernir una posible solución, todo acaba reduciéndose a imágenes en movimiento de una vida plena en su obra, que pasan con la misma fugacidad que un pensamiento doloroso, quizás provocado por la inutilidad de buscar los resquicios de libertad que ansío encontrar bajo el abrazo asfixiante de mis padres, que cada vez me ahoga más.
No es más que una sensación de espera
La de la fatiga de un camino sin objetivo
La que provocan este abrazo y esta pereza
A esa muerte de viejo temor conocido
Estoy devorando esta etapa de mi vida, anterior al cambio que inexorable veo llegar en pocos meses, y esperar significa adelantar, no tiene otro significado que el de adelantar acontecimientos, nos introducimos en una monotonía que inconscientemente utilizamos como mecanismo de anticipación, esperar significa percibir la duración y el presente no como un don, sino como un traba, negar y destruir su valor halagüeño y traspasarlos en espíritu. Se dice que esperar es siempre largo. Pero también es igualmente corto, porque se devoran cantidades de tiempo sin que se las viva ni se las utilice en sí mismas. Se podría decir que el que no hace más que esperarse asemeja a un gran tragón cuyo órgano nutritivo arroja los alimentos sin extraer su valor alimenticio. Se podría ir más lejos y decir: así como un alimento no digerido no fortifica al hombre, de la misma manera el tiempo que se pasa esperando no le envejece.
Es ese tedio del que no logro desembarazarme, quizás mis esperanzas fuesen como aquellos torpes esfuerzos de los insectos caídos de espaldas, que simulasen que tienen vida pero no una firme convicción por utilizarla.
Intentaré proclamar algo más que una simple corazonada. Es hora de no cruzar impresiones, sino de poner todo lo que me concierne frente a mí… porque, ¿es verdad que ciertas veces permanece oculto enmudeciendo ante el horizonte?..
Quiero aprender de mí mismo, deseo ser mi discípulo, más que mi maestro, no pretendo sino adentrarme en mi propio misterio…si es que existe alguno.
Hoy, sin embargo, me he decidido, sufro inconscientes delirios de sumisión, y quiero encontrarles su sentido, que hablen por sí solos, evitando interferencias dramáticas que pulvericen su significado, quizás sea el momento de demostrarme el horror de ser un buscador de agua sediento, paralizado y negado a escuchar algo que suene baldío.
Soy El Contador de Semanas y esta es mi historia.
”…si alguien lee un escrito para buscarle un sentido, no desprecia los signos y las letras, ni los llama engaño, casualidad o cáscara inútil; al contrario, los lee, los ama letra por letra. Sin embrago, yo quería leer el libro del mundo y el de mi propio carácter; sin embargo, he despreciado los signos y las letras a favor de un sentido imaginado ya de antemano; llamaba al mundo visible un engaño, consideraba mi ojo y mi lengua como apariencias casuales y sin valor…” (Siddharta, Hermann Hesse)